lunes, 27 de septiembre de 2010

Archivo “Boletín de Otraparte”
Boletín N° 95 - Septiembre 23 de 2010
Elegía a “Desquite”

¿Estoy contento de que lo hayan matado? Sí. Y también estoy muy triste. (...) Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.

Gonzalo Arango (1966)

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Elegía a “Desquite”

Sí, nada más que una rosa, pero de sangre. Y bien roja como a él le gustaba: roja, liberal y asesina. Porque él era un malhechor, un poeta de la muerte. Hacía del crimen una de las más bellas artes. Mataba, se desquitaba, lo mataron. Se llamaba “Desquite”. De tanto huir había olvidado su verdadero nombre. O de tanto matar había terminado por odiarlo.

Lo mataron porque era un bandido y tenía que morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del poder.

Al ver en los diarios su cadáver acribillado, uno descubría en su rostro cierta decencia, una autenticidad, la del perfecto bandido: flaco, nervioso, alucinado, un místico del terror. O sea, la dignidad de un bandolero que no quería ser sino eso: bandolero. Pero lo era con toda el alma, con toda la ferocidad de su alma enigmática, de su satanismo devastador.

Con un ideal, esa fuerza tenebrosa invertida en el crimen, se habría podido encarnar en un líder al estilo Bolívar, Zapata, o Fidel Castro.
Sin ningún ideal, no pudo ser sino un asesino que mataba por matar. Pero este bandido tenía cara de no serlo. Quiero decir, había un hálito de pulcritud en su cadáver, de limpieza. No dudo que tal vez bajo otro cielo que no fuera el siniestro ciclo de su patria, este bandolero habría podido ser un misionero, o un auténtico revolucionario.

Siempre me pareció trágico el destino de ciertos hombres que equivocaron su camino, que perdieron la posibilidad de dirigir la Historia, o su propio Destino.

“Desquite” era uno de esos: era uno de los colombianos que más valía: 160 mil pesos. Otros no se venden tan caro, se entregan por un voto. “Desquite” no se vendió. Lo que valía lo pagaron después de muerto, al delator. Esa fiera no cabía en ninguna jaula. Su odio era irracional, ateo, fiero, y como una fiera tenía que morir: acorralado.

Aún después de muerto, los soldados temieron acercársele por miedo a su fantasma. Su leyenda roja lo había hecho temible, invencible.
No me interesa la versión que de este hombre dieron los comandos militares. Lo que me interesa de él es la imagen que hay detrás del espejo, la que yacía oculta en el fondo oscuro y enigmático de su biología.

¿Quién era en verdad?

Su filosofía, por llamarla así, eran la violencia y la muerte. Me habría gustado preguntarle en qué escuela se la enseñaron. El habría dicho: Yo no tuve escuela, la aprendí en la violencia, a los 17 años. Allá hice mis primeras letras, mejor dicho, mis primeras armas.

Con razón... Se había hecho guerrillero siendo casi un niño. No para matar sino para que no lo mataran, para defender su derecho a vivir, que, en su tiempo, era la única causa que quedaba por defender en Colombia: la vida.

En adelante, este hombre, o mejor, este niño, no tendrá más ley que el asesinato. Su patria, su gobierno, lo despojan, lo vuelven asesino, le dan una sicología de asesino. Seguirá matando hasta el fin porque es lo único que sabe: matar para vivir (no vivir para matar). Sólo le enseñaron esta lección amarga y mortal, y la hará una filosofía aplicable a todos los actos de su existencia. El terror ha devenido su naturaleza, y todos sabemos que no es fácil luchar contra el Destino. El crimen fue su conocimiento, en adelante sólo podrá pensar en términos de sangre.
Yo, un poeta, en las mismas circunstancias de opresión, miseria, miedo y persecución, también habría sido bandolero. Creo que hoy me llamaría “General Exterminio”.

Por eso le hago esta elegía a “Desquite”, porque con las mismas posibilidades que yo tuve, él se habría podido llamar Gonzalo Arango, y ser un poeta con la dignidad que confiere Rimbaud a la poesía: la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero la vida es a veces asesina.

¿Estoy contento de que lo hayan matado?
Sí.
Y también estoy muy triste.

Porque vivió la vida que no merecía, porque vivió muriendo, errante y aterrado, despreciándolo todo y despreciándose a sí mismo, pues no hay crimen más grande que el desprecio a uno mismo.

Dentro de su extraña y delictiva filosofía, este hombre no reconocía más culpa, ni más remordimiento que el de dejarse matar por su enemigo: toda la sociedad.

¿Tendrá alguna relación con él aquello de que la libertad es el terror?
Un poco sí. Pero, ¿era culpable realmente? Sí, porque era libre de elegir el asesinato y lo eligió. Pero también era inocente en la medida en que el asesinato lo eligió a él.

Por eso, en uno de los ocho agujeros que abalearon el cuerpo del bandido, deposito mi rosa de sangre. Uno de esos disparos mató a un inocente que no tuvo la posibilidad de serlo. Los otros siete mataron al asesino que fue.

¿Qué le dirá a Dios este bandido?

Nada que Dios no sepa: que los hombres no matan porque nacieron asesinos, sino que son asesinos porque la sociedad en que nacieron les negó el derecho a ser hombres.

Menos mal que Desquite no irá al Infierno, pues él ya pagó sus culpas en el infierno sin esperanzas de su patria.

Pero tampoco irá al Cielo porque su ideal de salvación fue inhumano, y descargó sus odios eligiendo las víctimas entre inocentes.

Entonces, ¿adónde irá Desquite?

Pues a la tierra que manchó con su sangre y la de sus víctimas. La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.
Los campesinos y los pájaros podrán ahora dormir sin zozobra. El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe.

Los soldados que lo mataron en cumplimiento del deber le capturaron su arma en cuya culata se leía una inscripción grabada con filo de puñal. Sólo decía: “Esta es mi vida”.

Nunca la vida fue tan mortal para un hombre.

Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?
Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.

Fuente:

Arango, Gonzalo. “Elegía a ‘Desquite’”. Obra negra. Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993, p.p.: 42 - 44. Publicado en Prosas para leer en la silla eléctrica (crónicas, ensayos, artículos), Bogotá, Editorial Iqueima, 1966.

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sábado, 7 de agosto de 2010

De "El Secreto de la Flor de Oro" - 3

1

LA CONCIENCIA (CORAZÓN) CELESTIAL

El Maestro Lü Dsu dijo: Lo que es por sí mismo se llama Sentido (Tao). El Sentido no tiene nombre ni figura. Es la vida una, el espíritu primordial uno. No se pueden ver esencia y vida. Están contenidas en la Luz del Cielo. No se puede ver la Luz del Cielo, está contenida en ambos ojos. Seré hoy vuestro acompañante, y os revelaré primero el secreto de la Flor de Oro del Gran Uno, para explicar en detalle el resto a partir de ahí.

El Gran Uno es la designación de aquello que nada tiene por encima de sí. El secreto de la magia de la vida consiste en utilizar la acción para llegar a la no-acción. No se debe querer saltar por sobre todo y penetrar
directamente. La máxima trasmitida es tomar entre manos el Trabajo sobre la esencia. Al hacerlo lo que importa es no caer en falsos caminos.

La Flor de Oro es la Luz. ¿Qué color tiene la Luz? Se toma la Flor de Oro como alegoría. Ésta es la verdadera fuerza del Gran Uno trascendente. La frase: "El plomo de la región del agua tiene sólo un sabor", lo indica.

En el Libro de las Mutaciones se dice:1 "El cielo engendra el agua por medio del Uno". Esto es justamente la verdadera fuerza del Gran Uno. Si el hombre alcanza ese Uno se vivifica; si lo pierde, muere.

Pero aunque el hombre viva en la fuerza (aire, prana) no ve la fuerza (aire), así como los peces viven en el agua pero no ven el agua. El hombre muere cuando no tiene ningún aire de vida, así como los peces perecen sin agua. Por lo tanto, los adeptos han enseñado a la gente a tener firme lo primordial y a preservar el Uno: ése es el curso circular de la luz y la preservación del Centro.

Si se preserva esta legítima fuerza, puede uno alargar su tiempo de vida y aplicar luego el método para crear un cuerpo inmortal "fundiendo y mezclando".

De "El Secreto de la Flor de Oro" - 2

FÓRMULA MÁGICA PARA EL VIAJE A LA LEJANÍA

El Maestro Lü Dsu dijo: Yü Tsing ha dejado tras sí una fórmula
mágica para el Viaje a la Lejanía:

"Cuatro palabras cristalizan el espíritu en el espacio de la fuerza.

En el sexto mes se ve de repente volar nieve blanca.

A la tercera guardia se ve el disco del Sol radiar cegadoramente.

En el agua sopla el viento de la amabilidad.

Peregrinando por el Cielo, se come la fuerza del espíritu de lo
Receptivo.

Y el secreto aún más profundo del secreto: La tierra que no está en ninguna parte, ésta es la verdadera patria ..."

De "El Secreto de la Flor de Oro"

El signo chino para respiración, Si, se compone del signo Dsï "de", "si-mismo", y del signo Sin, "corazón", "conciencia". Por lo tanto, puede ser interpretado como "proveniente del corazón", "teniendo su origen en el corazón", pero simultáneamente designa el estado en que está "el corazón consigo mismo", el reposo.

Sobre Dionisios y Nietzsche

Dionisos Zagreus, hijo de Zeus y Deméter, cielo y tierra. Hera, la esposa
de Zeus se enfureció tanto con la infidelidad de su marido que ordenó a los titanes descuartizar y cocinar a Dionisos en un caldero.

Sin embargo Zeus, con la ayuda de Atenea, consiguió rescatar su corazón, que aún latía, y con él preparó una poción que dio a Semele, princesa tebana, dejándola encinta. Hera preparó una trampa para matar a Semele, mas Zeus arrancó el hijo no nacido y lo guardó en su muslo hasta que nació. Entonces lo entregó a Hermes para ser instruido.

Dionysios o Dionisos, “El nacido dos veces”, representa las fuerzas de lo
inconvencional, sus cultos se contraponen con las religiones tradicionales. Dionisos no puede ser sólo considerado, como su versión romana, Baco, dios del vino, del entusiasmo y del deseo sexual; Dionisos es el dios de la liberación, de la eliminación de las prohibiciones y de los tabús, de las catarsis, de la exhuberancia de la naturaleza y de la vida, y del éxtasis a través de la expresión de lo irracional.

Simboliza las fuerzas que disuelven la personalidad adquirida, la máscara de “civilizado” que imponemos a nuestra naturaleza animal. Así, las orgías dionisiacas pretendían rescatar las formas caóticas y primordiales de la vida. Dionisos como Zaratrusta, ambos inspiradores de Nietzsche, tienden a hacer de los humanos seres divinos, o mejor, a reconocernos como dioses.

Tao Te King,

“El Tao es un vacío insondable
en movimiento incesante
que nunca se agota” (Cáp. V)

“El Tao que puede expresarse no es el Tao eterno.
El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero
Tao.

Sin nombre es el Principio del Universo.
Sin nombre es el origen del cielo y la tierra.
Con nombre es la madre de todas las cosas.

Los dos Taos son lo mismo, diferenciándose apenas
en el nombre.
La vida es emanación del Tao.
El Tao es en su origen el Vacío.

Una confusión inaccesible al pensamiento humano.
En el Vacío está el germen de todas las cosas .
Y este germen es la Suprema Verdad” (Cáp. XI)

Libro de la Ley (Thelema). Cap 1.

“Soy el brillo desnudo del voluptuoso cielo nocturno... Yo que doy todo el placer y púrpura embriaguez en el sentido más intimo, te deseo. Colócate las alas y despierta el esplendor enroscado dentro de ti: Ven a mí... Apareced niños bajo las estrellas y tomad mi amor hasta hartaros... Yo estoy arriba y dentro de vosotros. Mi éxtasis es vuestro éxtasis. Mi alegría es ver vuestra alegría...

No amarréis nada... Que no haya diferencia entre vosotros y cualquier cosa y cualquier otra, pues de ahí viene el dolor. Hartaros de amor como bien queráis, cuando, donde y con quien queráis... El Amor es la Ley, el Amor bajo la voluntad... No tienes otro derecho que no sea hacer tu voluntad. Pues voluntad pura y libre de propósitos, libre de ansia de resultados es el camino perfecto...

Yo os amo.”