Mostrando entradas con la etiqueta FRAGMENTOS POSTROMÁNTICOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FRAGMENTOS POSTROMÁNTICOS. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de junio de 2010

"The Princess" - La Princesa. Último poema extenso de Alfred Tennyson.

Lágrimas, vanas lágrimas, cuyo sentido ignoro, / Lágrimas desde lo hondo de alguna divina desesperanza / Nacen en el corazón y se agolpan en los ojos, / Cuando se contemplan los apacibles campos otoñales / y se piensa en los días idos para siempre.

Frescos como el primer rayo que ilumina un velamen, / Que hace surgir a nuestros amigos del averno, / Tnstes como el último rayo que empurpura el navío / Hundiéndose con todo lo que amamos; / Así de tristes, así de frescos, los días idos para siempre.

Ah, tristes y extraños como en las sombrías albas estivales / El primer gorjeo de los pájaros soñolientos / Para los oídos del moribundo, cuando sus ojos agonizantes / Ven iluminarse lentamente la ventana; / Tan tristes, tan extraños, los días idos para siempre.

Caros como los evocados besos de alguien ya muerto, / Y dulces como aquellos que la fantasía sin esperanzas imagina / En labios que son de otros; profundos como el amor, / Profundos como el primer amor, y exaltados de nostalgia; / Oh muerte en vida, días idos para siempre.

"June"- Junio. Fragmento de uno de los poemas menores de William Cullen Bryant.

Allí, durante las largas, largas horas estivales, / Brillaría una luz de oro, / y espesas plantas nuevas y macizos de flores / Se alzarían en su hermosura. / La oropéndola anidaría, cantando / La historia de su amor, junto a mi nicho; / La errante mariposa / Descansaría allí, y se escucharía / A la abeja hacendosa y al colibrí.

¿Y si a mediodía alegres gritos / llegaran desde el villorrio / O canciones de doncellas bajo la luna, / Mezcladas con risas de hadas? / ¿Y si bajo el resplandor nocturno / Los amantes prometidos se pasearan a la vista de mi humilde monumento? / Yo quisiera que el hermoso escenario que me circunda / No conociera visiones o sonidos más tristes.

Ya sé, ya sé que no vería / El magnífico espectáculo de la estación, / Que su brillo no brillaría para mí, / Ni manaría su ardiente música; / Pero si, en torno a mi lugar de sueño, / Los amigos que amo vinieran a llorarme, / Quizá no se apresurarían a marcharse. / La suave brisa, las canciones, la luz y los capullos / Los harían demorarse junto a mi tumba. / Y todo eso llevaría a sus aquietados corazones / El pensamiento de lo que fue, / Y les hablaría de uno que no puede compartir / La alegría de esa escena; / De uno cuya parte en toda la pompa que llena / El circuito de las colinas estivales, / Es tan sólo... el verdor de su tumba; / Y sus corazones se alegrarían hondamente / Al escuchar otra vez su voz viviente.

"The Waif" - El abandonado. Poema de Henry Wadsworth Longfellow.

El día termina, y la oscuridad / Cae de las alas de la noche / Como una pluma que desciende, perdida / Por un águila en su vuelo.

Veo las luces del pueblo / Brillando entre la lluvia y la niebla, / Y me invade una tristeza / Que mi alma no puede resistir;

Una sensación de tristeza y anhelo, / Que no se asemeja al dolor, / Y sólo recuerda la tristeza / Como la niebla recuerda la lluvia.

Ven, léeme algún poema, / Un canto simple y cordial, / Que calmará este inquieto sentir / y desterrará los pensamientos diurnos.

No leas nada de los grandes maestros de antaño, / Ni de los sublimes bardos / Cuyos pasos distantes resuenan / En los corredores del tiempo.

Pues, como acentos de música marcial, / Sus intensos pensamientos evocan / El interminable trabajo y esfuerzo de la vida; / Y esta noche ansío descansar.

Léeme algún poeta más humilde, / Cuyas canciones manaron del corazón, / Como las lluvias de las nubes estivales, / O las lágrimas de los ojos manan;

Un poeta que, en largos días de trabajo / Y noches privadas de reposo, / Aún escuchaba en su alma la música / De maravillosas melodías.

Canciones tales saben aquietar / El agitado pulso del afán, / Y llegan como la bendición / Que sigue a la plegaria.

Lee, pues, del precioso volumen / El poema que prefieras, / y presta a las rimas del poeta / La belleza de tu voz.

Y la noche se llenará de música, / Y los cuidados que infestan el día / Plegarán sus tiendas, como los árabes / Y en silencio, como ellos, se alejarán.